lunes, 8 de enero de 2007

Crimen Pasional (V)

La cordura le decía que lo dejase para el día siguiente, que apagase el ordenador. Él sabía que necesitaba descansar, que nada cambiaría durante la noche. Además, aquella molestia en el estómago no cesaba. Cada quince minutos tenía que acercarse al baño, a soltar gases, a vomitar, a orinar o a defecar. Sentía que tenía fiebre, pensaba que debía acercarse a urgencias a dejarse ver por aquella doctora rubia. "¿Qué comió hoy?" sería la pregunta obvia que le haría. No, no iría ni siquiera por verla a ella. No iba a contar a nadie que hacía cuarenta y ocho horas que no comía nada. Que sólo andaba bebiendo cerveza mejicana con rodaja de limón.


El correo no llegaba. El móvil tampoco recibía su mensaje. Pasaba el tiempo y procuraba no hablar con nadie. Obviaba a las demás, no atendía ninguna llamada al fijo. Quería estar entero cuando ella apareciese. Tenía que aparecer. Pulsaba cada quince segundos "check mail" de su Eudora. Aún cuando sabía que el servidor le daría error por acceder demasiado seguido. Tenía que intentarlo.


Era curioso verle así. No la necesitaba a ella. No necesitaba a nadie en realidad. Tenía estímulos suficientes como para no necesitar ese correo electrónico ni esa llamada. Le bastaría con vestirse, dar él mismo otra llamada y pasaría la tarde con cualquiera de las otras. Paseando, charlando o acostado con alguna. Sin embargo era su llamada, la de ella, la que le tenía atado a ese sillón.


Abrió winamp para escuchar aquel disco recién descargado, "Transparente" . Retornar a Portugal, aunque fuese tan sólo musicalmente no le ayudaría, lo sabía. Y aún así necesitaba dejarse flotar por sobre el estuario del Tajo, en brazos de la enigmática Mariza.


Cuando volvió a vomitar, por enésima vez en aquellas horas, se fijó en su cara. Profundas ojeras, pelo desordenado. Olía mal, no se había duchado. Pensó en hacerlo, incluso abrió el grifo del agua caliente. Cuando reflexionó lo cerró y fue corriendo a mirar el móvil. No había llamada perdida. Tampoco había tiempo para ducharse. Si ella llamaba le pediría 15 minutos para hacerlo.


Pasadas las tres de la tarde sonó el timbre de la puerta. Fue a abrir y no había nadie al otro lado. Cuando la cerró se la encontró frente a la ventana, mirándole. Abrió el pestillo y habló con ella.


- ¿Has venido? ¿No estás enfadada?, espera, te abro la puerta.

- No

El brazo de ella se movió lentamente hasta colocar el revólver apuntando a su cabeza.

- ¿Qué?


El sonido del disparó hizo ladrar al perro del vecino. Ningún otro ser vivo o inanimado pareció inmutarse. Todo el mundo andaba comiendo la paella sabatina. En todas las casas se oían las noticias de la televisión.


Ella dejó caer el revólver y sin mirar hacia dentro de la casa dio la vuelta y caminó hasta el coche aparcado.


- ¿Por qué no habló conmigo? ¿Qué le he hecho?. Jodida mujer, creo que me ha matado. Esto es sangre sí, está caliente, huele como sangre. ¿Dónde está el puto túnel blanco?. Mierda, seguro que a los ateos nos mandan por un túnel mal iluminado. Debí haberme duchado antes. Siempre me lo decían, dúchate y cámbiate todos los días, imagina que tienes un accidente y los médicos te pillan con los calzoncillos sucios. Mierda, estos jodidos médicos me van a pillar sin calzoncillos. ¿Vendrá la rubia?.



domingo, 7 de enero de 2007

Crimen Pasional (VI)


García hizo recuento de lo que tenía hasta ese momento. Él sabía ya casi todo lo que tenía que saber, pero quería pasarle ese informe por escrito a la jueza Sacristán. Si no le pasaba un relato aburrido y largo la jueza le recriminaría por su ligereza en el trabajo, si era sistemático y metódico como ese pedazo de hielo con el que tenía que trabajar encontraría de nuevo el resquicio por el que hincarle el diente. No entendía aún como se le había resistido. No solía pasar eso. Sobre todo con estas chicas jóvenes. Un hombre de su experiencia, con su historial y con su físico, para qué negarlo, solía convencerlas pronto de que lo mejor que les podía pasar era irse a la cama con él.


Sabía que más pronto que tarde la jueza pasaría por ese trago. Eso sí, siempre que no apareciese ningún lechuguino de tres al cuarto que le levantase la pieza. El pobre López le confesó después de una tarde de mus, borracho, que estaba enamorado de ella. Pobre diablo. La primera vez que bebe y se desnuda ante un canalla como García. Aquel día le dio ánimos a López, insiste, insiste, invítala a café y le sueltas de golpe que te la quieres follar, así es como lo hago yo, y ya ves que bien me va. Creo que nunca se atreverá a eso, y también sé que no es una táctica que funcione con Sacristán. Hay que impresionarla primero con lo que le gusta, el trabajo bien hecho. Y luego ir a por ella. Joder. López lo hace de puta madre. ¿Se la estará tirando?.


Volvió a su escritorio y creó el documento HomicidioGonzalezFernando.doc, no entendía esa moda de los paneles que se veían en las series de televisión. Él, que siempre trabajaba solo, necesitaba un bloc, y desde la informática, un procesador de textos. Esto era suficiente para ordenar sus ideas.




1.- El revólver. Colt 38, arma clásica americana, aunque no muy común aquí en Europa. Hay huellas de una persona, la mujer posiblemente. Si no está fichada, más que probable, no tendremos nada. Los de balística confirmarán lo que imagino, está limpia. El número de serie nos llevará a un comprador fantasma en una tienda ignota de los EE.UU. ¿Mi teoría? La vendió un soldado americano a cualquiera de los bajos fondos.


2.- El ordenador de Fernández. Los de informática están pasando a papel todos los registros de chat, correos electrónicos y páginas más visitadas. Ya me han dicho que mantenía contactos frecuentes, amistosos, con al menos veinte personas. Casi todas mujeres. Las cinco que yo conté deben estar ahí. Quizá los mensajes más interesantes aún no hayan salido. Las cartas de amor con esa chica son muy llamativas, pero ella está totalmente descartada. Vive demasiado lejos.


3.- La etiqueta de la pistola. Esto es más interesante, aunque no hay huellas tampoco. Sin embargo, será determinante para cazar al que regaló y al que escribió el texto. Si le pillamos, claro.


4.- El libro con la dedicatoria, la foto del scáner, la bufanda sobre el perchero de la entrada, la botella de Bayley's, esos dos vinilos destrozados, y el fondo de pantalla deberemos encajarlo con las cuatro mujeres. Habrá que cruzarlo todo con lo que nos dé el ordenador. De la quinta en la casa sólo tendremos el revólver. Era la primera vez que venía.

(Continuará ....)

sábado, 6 de enero de 2007

Crimen Pasional (VII)

- ¿Envenenado? ¿Qué chorrada estás diciendo?
- El cuerpo presenta manchas de vómitos recientes en el pecho, de la apreciación olfativa se deduce bilis, además ... Date la vuelta coño, mira que pesas.
- Eres el forense menos trabajador que conozco ...
- No jodas ¿Te han hecho muchas autopsias?
- Vete a la mierda.
- En la región anal también se observan manchas de excrementos diarreicos. La suma de los dos episodios nos muestra un cuadro gastroentérico clásico ..
- Mierda, mierda, mierda. Así que además de fiambre, estoy cagado. Joder, la pesadilla de mi madre hecha realidad. Que un médico me pille cagado.
- Calla, coño. Que no es culpa tuya. Que estás envenenado. Te quedaban un par de horas para diñarla.
- ¿En serio?. Que hijas de puta, que hijas de puta ....
- ¿Quiénes? Cuéntame ...
- No diré una palabra más si no es ante mi abogado.

López rompió a reir a carcajada limpia. ¡¡Cuánto mal ha hecho el cine!!. El pobre diablo pensaba que le perjudicaría contarle algo de lo que ni era culpable. Es más, era la víctima. Aún así se quedaba con aquello de "todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra". ¿Qué más le podría pasar?. En fin, tics de recién asesinado, ya iría tomando conciencia de su verdadero estado. Observó detalladamente la espalda, buscando algo que se saliese de lo normal. Pronto tendría que acometer la apertura de la caja y el cerebro, y no quería pringarlo todo antes de estar completamente seguro de no olvidar nada.

- Coño, y esto qué es
- Un tatuaje ¿no has visto nunca ninguno?
- No sé, no pareces un tipo de llevar tatuajes
- Pues por eso está escondido ahí, para que no lo vea nadie.
- Jajaja, tendré que abrirte un poco el culo para poder leerlo.
- Ya me han dado bastante por el saco, un poco más ...
- "Apasionada 1.970" ¿Qué significa ésto? En el 70 eras un mico.
- Que se entere el poli ese gilipollas, que tan listo es.

López tenía que seguir con la autopsia, fotografió el tatuaje, luego el bisturí pasaría por ahí.
Lavó cuidadosamente el cuerpo y volvió a girarlo. Finalmente, introdujo el escalpelo por el abdomen. Fue extrayendo los intestinos y colocándolos en la bandeja de cristal. Las nueve de la noche y aún quedaba todo el trabajo. Pensó en el disparo, en el veneno. No podía evitar pensar en las circunstancias del crimen aunque sabía que lo único importante en ese instante era el trabajo científico, aplicado, metódico, sobre ese cadáver de la losa. López era un científico. Y, a veces, no tanto.



Dió a play y esa canción, la que llevaba sonando desde el día de su cumpleaños, inundó el pequeño Clio azul. "No sabía yo que eeeraa ..." Mientras conducía repetía el estribillo nerviosamente, intentaba olvidar dos ruidos muy cercanos. El estruendo del disparo de un 38 y como suena un cuerpo cuando cae sobre su propia espalda. Un cigarro, y con ese otro, y otro. En el CD, la función repeat, "No sabía yo que eeeeraa" Debía llegar pronto a casa, pensar, pensar, pensar. Aunque no tenía ninguna duda. Él la había traicionado.

Justo en aquel cruce, con el semáforo en rojo, recibió un sms. Sin dejar de mover nerviosamente la cabeza lo leyó "¿Lo has hecho? ¿Estás loca?".



viernes, 5 de enero de 2007

Crimen Pasional (VIII)

Cuando los de atrás comenzaron a berrear pitando y gritando volvió en si. La luz naranja cambió a rojo justo en el instante en el que ella pasaba el cruce. Seguía oyendo los gritos de los cabreados conductores ¡¡Tía tenías que ser!! ¿En qué piensas? ¡¡ Borracha, estás borracha !!. La verdad es que no sabía qué pensar. ¿Estoy loca? ¿Lo he hecho?. Sí, claro que lo he hecho. Tú me lo dijiste. Fuiste tú el que me lo dijiste. ¿O estás hablándome de otra cosa?. Decidió aparcar en el primer hueco posible y llamarle.


Un desvío a la derecha, un carril solitario, paró el coche en el arcén y marcó el teléfono. Después de cinco pitadas salta el contestador. Joder, si estabas ahí hace un minuto. Cógelo, cabrón. Vuelves a intentarlo y de nuevo el contestador.


- Carlos, mierda, coge el puto teléfono. ¿Qué quieres decirme, de qué hablas? ¿Qué tenía que hacer?. Ahora sí que me estoy volviendo loca, coge el teléfono.

Colocó la cabeza sobre el volante y comenzó a sollozar, se dio cuenta de que en mucho rato estaba en silencio. Ni Rakel Winchester, ni el sonido seco del cuerpo de Fernando al golpear en el suelo. No oía nada. Sola en ese carril. Deseó tener el revólver y otra bala para acabar con todo. No lo tenía. No sabe cuanto tiempo pasó hasta que arrancó el coche y volvió a sonar la insistente música "el ma ma ma marío de la cannisera ...". Apagó el aparato y colocó la radio. Kiss FM, Sonny & Cher. Vaya, justo lo que necesitaba, una historia bonita. Mierda de radio.


Sonia andaba por los treinta. Acababa de separarse de su marido, y dos meses después estaba metida en un tremendo lío absurdo e inexplicable. Joder, la pelirroja se tiraba al marido de la carnicera, ella ni eso podía contar. Ahora sabía que su vida era, de verdad, una auténtica mierda. Acabaría en Yeserías, acostándose con una matrona de 100 kilos para poder conseguir un paquete de tabaco. Mucho peor que la separación, y eso que pensó que nada peor podría pasarle en la vida. Llegó a su casa y después de una ducha de quince largos minutos volvió a intentar hablar con Carlos.


- ¿Carlos? ¡¡ Dónde coño andas, joder !!

- Hola, hola, Sonia, que tal, que tal, hola, Sonia

- ¿Ya estás puesto otra vez? Mierda, ¿de qué vas?

- Bueno, bueno, una rayita tan sólo, joder, la has liado, qué quieres, ¿que lo aguante a pelo?

- ¿La he liado? ¿La he liado, cabrón? ¿Qué mierda de mensaje me has enviado?

- Verás ... es que no estoy seguro ..

- Mierda, ¡¡ habla claro, joder ¡!

- No sé, Sonia, no sé ... creo que pude equivocarme ... estaba drogado, joder, pude equivocarme

- Hijo de puta, hijo de puta, me cago en tu puta madre ... hijo de puta ...

- Sonia ... no estoy seguro, no lo sé, no sé qué pasó realmente ...

- Estabas drogado. Y drogado vas a comprar la tarjeta, a escribirla, a engancharla al revólver de mierda que no sé de dónde coño has sacado. Lo empaquetas y llamas a un mensajero. Todo eso drogado, y ahora me dices que no sabes qué pasó ... Eres un hijo de puta, Carlos, un hijo de puta ...

- Estoy mal, Sonia, lo estoy pasando mal ...


Sonia colgó el teléfono y cayó en el sofá. No pensaba nada, absolutamente en nada. Salvo en Fernando, cuando aún vivía.


Descartada la niña de las cartas de amor. Demasiado virtual, demasiado lejano, imposible construir un asesinato desde la otra punta del mundo. Descartada la chica del fondo de pantalla, esa cuarentona era una antigua novia. Nada que esconder entre ellos. Tampoco ha estado en la casa. Me gusta la bebedora de Bailey’s. Y aún más la iconoclasta rockera. Esas dos son mis sospechosas favoritas. ¿Serán el móvil de la pistolera?. La jueza Sacristán llamó hace un rato, está segura que la pistolera y González se acostaban. Yo no lo tengo nada claro. Le he propuesto ir a su casa, a explicarle como van las cosas, pero sigue cerrada en banda. Cuando me ha preguntado si "sabía algo de López" me he mosqueado. ¿Saber algo de López? ¿Por qué no me pregunta por la autopsia y ya está?. Jodido López, si no se la está tirando es porque no sabe hacerlo. Mierda, tendré que echarle una mano. Al menos, que se la coma un compañero ...


- ¿García?

- Sí, dime

- A este tío le mataron antes del tiro. Estoy casi seguro que le colocaron cianuro poco a poco. Al menos durante dos días

- ¿En serio?. Joder, López, eso cambia las cosas

- Por eso te llamo, chaval. Además tiene un tatuaje bastante raro

- "Apasionada 1.970", en el puto culo

- ¿Ya lo sabes?

- Claro, López ¿con quién crees que hablas?

- ¿Y de qué va?

- Jajaja, este muerto parece que no quiere hablarte demasiado ...



jueves, 4 de enero de 2007

Crimen Pasional (IX)

Carlos no acudió a aquella cita tampoco. Llevaba dos semanas saltándose el control con la psicoterapeuta. Se estaba metiendo otra vez, y hasta esa chica que no sabía nada de drogas lo notaría. No quería ir otra vez al centro, prefería estar allí, encerrado en casa. Llamar y que su “socio” le trajese un gramito de vez en cuando. No estaba comiendo nada, todo el día y toda la noche delante del monitor. La coca le permitía estar días enteros sin dormir. El whisky barato era suficiente para recuperar líquidos. O eso pensaba él.

Cuando Sonia colgó necesitó hablar con alguien. Alguien de fuera, o sea, alguien del mundo. Cuando repasó la lista de personas se dio cuenta de que pocas estaban fuera de esa pantalla. Sonia, sí, ella sí. La oía hablar por teléfono. Nada más. Nadie más. Y Fernando quizá, daría cualquier cosa por hablar alguna vez con Fernando. Eso ya no pasaría nunca. Llamó a la psicóloga, lo más parecido a una persona que veía en semanas. Su camello era poco más que un objeto cabrón dispensador de insomnio.

- ¿Doctora? Necesito hablar con Vd.
- ¿Carlos? ¿Eres Carlos? No has venido a las terapias, ni a tus sesiones. ¿Qué te pasa?
- Es importante, Doctora, necesito contárselo a alguien
- ¿Te pones otra vez?
- No es eso, no es eso. Bueno, eso también, pero necesito contarle otra cosa. He matado a un hombre.
- ¿Qué? ¿Qué dices? ¿Estás drogado ahora?
- Sigue sin entender nada de drogas, nunca aprenderá. Necesito verla ahora.



Cuando colocó la tapa craneal sobre la mesa comenzó a hurgar buscando la bala, ya había colocado las muestras de las vísceras en los frascos para análisis. Las trazas de cianuro eran tan evidentes que no le quedaba ninguna duda de que le estaban envenenando, sólo debía confirmar las dosis y el tiempo que llevaban suministrándole el veneno.

- Oye
- Dime
- ¿Cuando saques el cerebro dejaré de hablar contigo?
- No, claro que no. Eso vale para los vivos. Los muertos siempre habláis con los forenses. ¿No ves las pelis policíacas?
- Sí, claro, pero siempre pensé que era una especie de metáfora, que era más bien que os enterábais de las cosas al analizarlas.
- Eres un cadáver muy peculiar, Fernando. Me enteré que te llamas Fernando.
- ¿En serio? ¿Ves? De eso no me acordaba.
- Claro, estás muerto y esas cosas son irrelevantes. Venga, deja de filosofar que eso es cosa mía. Pondré algo de música, necesito estar relajado para sacar esa bala. Hasta a mí me da un poco de repelús.
- Lo estás haciendo muy bien, al menos, no he sentido dolor ni nada
- Jajaja. Sí, seguro que no sientes dolor.

Las notas del saxo de Getz inundaron la habitación. El jazz siempre estaba con él, nunca dejaba de estar junto a él. Muchas noches soñaba con un club del barrio francés de New Orleans, quinteto negro sobre la tarima, dos bourbons y María Sacristán cerrando los ojos, dejándose llevar por el piano y el saxo. Siete pasos al cielo. Sólo eso necesitaba.


- Oye, Doc. Que estás con los ojos cerrados, ¿así vas a encontrar la bala?
- Joder, ¡¡que no me gusta que me llaméis Doc!! Me recuerda siempre al médico borrachín de una película de vaqueros.
- Creo que se lo oí a García ¿puede ser?
- No, creo que será más bien que yo me estoy inventando todo esto. En realidad los muertos no hablan.
- Eres un cachondo, Doc. Un cachondo mental. Anda, busca la puta bala, que me pesa la cabeza.

El ordenador de Fernando seguía conectado a internet en el taller de los de informática. En la carpeta “In” se acumulaban los mensajes. Mucho spam, algún correo de los compañeros de trabajo, dos cartas de la niña enamorada. En la segunda preguntaba por su respuesta, estaba pendiente de un mensaje que nunca llegaría. O quizá sí, quizá los muertos pudiesen volver a arreglar los temas pendientes. Debería ser así, dejar resueltos al menos los que eran importantes de verdad. El operador de la policía científica tropezó con el fichero de Stan Getz y también lo reprodujo. No sabía qué significaban aquellos siete pasos al cielo.


miércoles, 3 de enero de 2007

Crimen Pasional (X)

- Doc, como va eso.

- Terminando. Pronto voy a recomponerlo para que lo lleven a los familiares

- No creo, no encontramos a nadie que se haga cargo

- ¿En serio? ¿No me dijiste que había no sé cuántas mujeres?

-. Sí que las hay, pero ninguna parece querer llevarse al bicho en una urnita

- Vaya. Lo del cianuro está confirmado. Me acaban de llegar las pruebas de toxicología. Tres días tomando pequeñas dosis.

- ¿Sabes como se lo han suministrado?

- Pues sí. No tenía nada en el estómago, ni en los intestinos. Llevaba tiempo sin comer nada. Supongo que las botellas de Coronitas te darán la respuesta.

- Ok. Están en el laboratorio. Oye, Doc.

- No me llames, Doc. Cojones. Mira que eres pesado.

- No te quedes a dormir ahí. Yo de ti iría a dormir a casa de Sacristán.

- Vete a la mierda, no te rías de mí.

- Que sí, coño. Llámala y verás como esta noche la metes en caliente. Que te lo digo yo, que de esto entiendo un rato.

Colgó muy cabreado, sabía que Garcia era un cabrón, él ya lo sabía. Nunca debió contarle que se moría por María Sacristán. Pasaría toda la vida riéndose de él, o no, quizá tenía razón y debía ser valiente. No podía vivir sólo soñando con ese club del barrio francés, tenía que echarle huevos, García de eso entiende un rato.

- ¿Vas a cerrarme?

- Sí, ya estoy más que harto de ti. Te arreglaré un poquito, para que estés presentable.

- ¿Hay mucha gente ahí fuera, llorando por mi?

- ¿No lo sabes?. No hay nadie. Debías ser un mal bicho.

- ¿Qué? No puede ser. Yo me recuerdo como un buen chaval.

- Qué vas a recordar tú con un agujero de 2 cm en el cerebro. No digas tonterías

- No jodas ... ¿en serio no hay nadie esperándome?

- Lo que yo te diga.

Fernando pasó toda la semana muy liado en el trabajo, no fue una buena semana. Se avecinaban las vacaciones y lo que quería realmente era dejarlo todo. Abandonarlo todo y salir a buscar a aquella mujercita que le había cautivado. Casi todas las demás cosas le parecían absolutamente accesorias. El club de insoportables pseudopoetas en el que hacía tiempo se convirtió su grupo de camaradas. Una empresa en la que nada quedaba por hacer, todo era demasiado rutinario. Todo salvo los amigos. Perdón, las amigas. Tenía más facilidad para hacer amigas que amigos. Demasiada facilidad, a veces se le escapaban entre los dedos casi como venían, sin entender muy bien por qué pasaba.

Todo se le caía encima aquellos días, incluyendo, por supuesto, la desaparición de Sonia. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?. Repasaba, volvía atrás y no recordaba las habituales meteduras de pata que solía cometer. Una impertinencia, una grosería, una insinuación sexual en el momento menos adecuado. Sabía que había cometido algún error, pero era incapaz de recordarlo. Al principio no le dio mucha importancia, no le importó no ser invitado a la fiesta de cumpleaños. Tres días después tuvo aquella premonición, algo andaba mal. Envió cien mensajes de móvil, doscientos emails. Todo sin respuesta. Cuando encontró la caja de Coronitas en la cocina comenzó a pensar que estaba relacionado, que era México que venía a su propia casa a decirle, tienes que esperar. Todo se resolverá. Abrió una botella y colocó a Lila Downs en el reproductor ...

(Continuará ...)



martes, 2 de enero de 2007

Crimen Pasional (XI)

Abatida, agotada, temblorosa, asustada, enojada, arrepentida, absorta. Sola. Sonia no encontraba una salida al túnel en el que se había metido ella solita. Sí, ella solita, no podía culpar ni al enfermo Carlos ni al fallecido Fernando. Se metió de cabeza en el berenjenal del que jamás saldría.
Fue a la cocina y descorchó aquella botella magnum de Dom Perignon que le regaló su ex novio en el último intento de reconciliación. No era una forma muy efectiva de suicidarse, lo sabía, aunque posiblemente le serviría para pasar una amena tarde de sábado. En la televisión habría fútbol, ideal para acompañar litro y medio del mejor champagne francés. Esperaba que esa combinación sirviese para mitigar el sonido del cuerpo de su amigo cayendo de espaldas en su casa. El olor a pólvora seguía impregnando su alma.

- ¿En serio?. ¿Me dice eso en serio?

- Pues claro, joder, ¿no es usted un profesional? Pues a currar.

- Le prometo que es el encargo más extraño que me han hecho nunca.

- No me joda, que he visto la cantidad de guarradas y porquerías que ha tatuado. Mírese usted mismo y verá como lo mío es casi anecdótico.


El tatuador, sorprendido, pero ciertamente profesional, comenzó por rasurar delicadamente la piel cercana al ano, necesitaría varios centímetros para colocar la leyenda y la dificultad estribaría, seguro, en la naturalidad con que los cachetes tienden a unirse. Una mano para separar, otra para tatuar. No era una tarea fácil, estaba seguro, la promesa de prima doble le animó a aceptar un trabajo que estuvo a punto de rechazar. Colocó a Silvio Rodríguez en el aparato y comenzó a escribir “A ...”.


- Vaya, me ha tocado un tatuador de la nova trova. Puta suerte la mía, no me libro de esta gente.

- ¿Le molesta? Lo cambio si te parece.

- No, si esa canción le gusta a ella también. Así me la llevo tatuada por dos veces.

La rubia apareció en su vida casi como todas las cosas que aparecen en la vida. La casualidad hizo que se encontrasen el mismo día y a la misma hora. O quizá no fue eso, sino la pertenencia al mismo partido, al mismo grupo de debate ideológico, a tener antepasados que padecieron las mismas penas, o el ser vecinos en un pequeño mundo tan grande. El caso es que se conocieron. Desde el primer momento pasó algo, fue ella la que le preguntó, la que se acercó con su caminar de diosa. Él puso esa cara de bobo que se les pone a todos cuando ven de cerca una mujer extraordinariamente atractiva.


Los motivos del primer acercamiento siguen ahí, nunca se resolvieron, aunque ellos pasaron pronto a otras cuestiones, mucho menos importantes, cosas tan intrascendentales como la música o los libros, casi nada, dirán algunos. Ella nunca fue una más, otra de esas que caía en las redes del seductor. Dos cuestiones la hacían distinta, la primera, que no cayó en sus redes. El otro motivo era el que le animó a tatuarse esa clave en su culo.


El mundo seguía rodando, su vida seguía despeñándose cuesta abajo. Las mujeres se sucedían o se sobreponían unas a otras, y todos los días, pasase lo que pasase, habría un momento para acariciar su clave secreta. Con papel higiénico o con jabón todos los días pasaría por ahí. Aunque en realidad la rubia anidaba permanentemente en su cabeza.


- Pues ya está. Listo para revista, Fernandito.

- ¿Cómo he quedado? ¿Se me verá bien en el funeral?

- Si no va a venir nadie, jodido, que no has dejado nada atrás

- Algo quedará, seguro que alguien me recuerda

- Como no sea la que llevabas en el culo

(Continuará ...)

lunes, 1 de enero de 2007

Crimen Pasional (XII)

La psicóloga le miraba fíjamente, y él asumía que lo hacía como el científico al ratón. Seguiría sin comprenderle, como nunca le comprendió antes. Aún así, Carlos sabía que debía contarlo, que sacar aquello de dentro le haría bien. Quizá no tuviese otra oportunidad de redención, o quizá no se la mereciese.

- Dime, Carlos, ¿has vuelto a tomar cocaína?
- Sí, claro que sí, ¿no se me nota, joder?
- Hiciste bien en venir entonces. Has recaído, pero también buscas ayuda, no es irreversible, puedo ayudarte.
- No, mierda, no. Perdone, doctora. No es eso, joder.
- Sí, te entiendo.
- No entiende una mierda. He matado a un hombre.
- ¿Qué? ¿Era en serio lo que me dijiste por teléfono?
- Claro que era serio.
- Tengo que llamar a la policía.
- No, no hace falta. No disparé yo, doctora. Aunque cargué el arma y me inventé el motivo perfecto para librarme de aquel tipo.
- ¿Entonces? ¿Le mataste o no?
- Sabía que no iba a entenderme. Joder. No hay nadie más a quién contárselo.




Una tarde más había tomado café con ella. Suponía un contacto con esa realidad que cada día le era más esquiva. Cuando estaban juntos todo parecía ser de "verdad". Incluso hablar de música, de verano e invierno, o de aquella poesía que tanto le gustaba a ella era bajar a la realidad de golpe. Lo virtual, lo electrónico, quedaba a trillones de años luz. Se dió cuenta de que cada vez estaba más enganchado a su presencia. Cuando el camarero les miraba con ganas de decir que tenía que preparar el salón para dar las cenas él volvió a decirle lo que le repetía cada día, como una rutina.


- No me quiero ir sin ti, esta tarde no.
- Siempre dices lo mismo, Fernando.
- Sí, puede ser, pero esta tarde no puedo pasarla sin ti. Ven a mi casa.

Era cierto, siempre era lo mismo. Él repetía el ritual, pasase lo que pasase, hablasen de lo que hablasen siempre terminaría por invitarla a la cama. Eran amigos, sí, pero no podía olvidar que la deseaba y que mantenía la esperanza de que alguna vez a ella le pasase lo mismo.

- De acuerdo. Nunca se volverá a repetir. Ese será el trato.

Dejaron el coche de ella y fueron juntos en el suyo. Durante el trayecto él le cogió la mano, acariciándola. No tenía palabras y de la boca de Annie tampoco salió ningún sonido. Respondió a la caricia sin apartar la vista de la carretera. Los nervios, la incertidumbre, las ganas de estar juntos rebotaban de una parte a otra de los estómagos de ambos, saltando al exterior, golpeando los cristales de la cabina del coche y volviendo a entrar de nuevo con fuerza en cada barriga, intercambiados. Pronto supo que los quince minutos que les separaban del destino serían así, silenciosos. Pulsó play en el reproductor para arrancar una vez más el pensamiento cómplice de su, por fin, compañera de viaje.

Se habían besado cien veces y hasta ese momento, justo después de cerrar la puerta de la casa, no intercambiaron el primer beso de amor. Dulce, suave, casi de amigos aunque en los labios. Poco después se atrevieron a abrazarse, y complicaron la intensidad de las caricias. De la mano la arrastró suavemente hasta el dormitorio. Quería que todo fuese irreversible lo antes posible. Desnudarla le ocupó un buen rato, no tenía prisa en descubrir esos tesoros que en su imaginación llevaban años dibujados. Dulzura primero, arrebato después, fuego desde el primer momento. El amor fue tal y como siempre había soñado que sería.

Cuando reposaban juntos, mirándose a los ojos como si fuese la primera vez, le sobresaltó un ruido, vidrios golpeando en la cocina. Quizá estaba producido por una caja de Coronitas al ser depositada sobre la mesa.



- Doc, mierda.
- Dime, y rapidito que tengo que elaborar tu informe.
- Me la he tirado.
- ¿A quién te has tirado?
- A Annie, se acostó conmigo.
- Me alegro, y dime, ¿quién es la pobre Annie que fue a dar contigo?
- Mierda, no es verdad, lo he soñado.
- Imposible, no puedes soñar, tu cerebro hace media hora que está en ese frasco de alcohol.
- Que sí, joder. Lo he soñado. Y mientras lo hacía alguien entró en la casa y dejó las cervezas. Creo que sé quien fue.



(Continuará ...)

Crimen Pasional (XIII)

Desvelada, oyendo como siempre “Hablar por hablar”, María Sacristán se sumergía en las historias de los demás, comprendiéndoles, juzgándoles, queriéndoles. Intentando compartir miserias ajenas para tratar de olvidar las propias. Aquella noche sentía que su vida se le escapaba entre los legajos del juzgado. Debió haberle dicho que sí. Ahora estaría haciéndo el amor en lugar de jugando solitariamente con su vello púbico. El sonido del teléfono no le sobresaltó hasta recordar que no estaba de guardia aquella noche.

- ¿Jueza? Perdone, sé que es tarde.

- No se preocupe, López, para Vd. nunca es tarde. Dígame

- Es sobre el caso de Fernando González, el del tiro en la frente.

- Sí, sí, cuénteme.

- Pues verá, ya sabe que encontré cianuro en el cuerpo.

- Sí, lo sé. ¿Terminó el informe?

- Por eso le llamaba. La cuestión es que necesitaré el cuerpo por más tiempo. Este muerto me está resultando particularmente difícil.

- ¿No le habla, como todos? Jajaja.

- Sí, sí, es precisamente por eso. Es muy comunicativo, tanto que presiento que si estoy un par de días más con él le sacaré más cosas.

- No se preocupe, López. Mañana a primera hora firmo el oficio, ¿dos días más le serán suficientes?.

- Sí, espero que sí, gracias. Siento haberla llamado tan tarde.

- Para nada, López. La ocasión lo merecía. Trabaje tranquilo.

- María, hay otra cosa ...

- ¿Sí? Dime.

- Es que, bueno ...

- Tenemos confianza, dime lo que sea.

- No es nada importante, en realidad. Mejor cuando terminemos con este caso, es un auténtico follón.

- Siempre me tienes, para lo que sea, ya lo sabes.

- Sí, sí, gracias, Señoría. La dejo descansar, Hasta mañana.

- Hasta mañana, López.

El programa se despedía ya, iban a dar las 4 y para despedir, como siempre, buena música, en aquella ocasión esa canción que la alegraba y entristecía por igual, justo como se sentía ahora. Poco después se levantaría para ir al juzgado de nuevo. Tuvo que decirle que sí la primera vez, o dar ella ese paso que tantas ganas tenía.

García entró atropelladamente en Comisaría, como siempre. Nada más llegar llamó a la inspectora Rodríguez. La inspectora Vanessa Rodríguez estaba aún en prácticas pero ya era conocida por toda la plantilla. Muchos admiraban a una chica tan joven, recién cumplidos los 25, con tanta determinación y tan brillantes expedientes académicos. Los envidiosos, que eran muchos, decían que llegaría lejos por lo atractiva que era. Los demás, unos poquitos, se daban cuenta de que tenía gran capacidad de trabajo y considerable valentía y arrojo, cosas imprescindibles para triunfar en esa mierda de profesión que tenían.

A García le gustaron sus piernas y su pecho. Desde que la vió por primera vez, con el uniforme de los cuerpos especiales, tuvo ganas de llevársela a la cama. Nada excepcional, le pasaba con todas. Pero la inspectora Rodríguez pronto supo granjearse su estima profesional y fue él quién la asignó a la Brigada de Homicidios. Para tenerla cerca, sí, pero sobre todo porque sabía que le ayudaría en el trabajo.

- A sus órdenes, Inspector.

- Siéntate, Rodríguez. ¿Te leíste el expediente González?

- Sí, Inspector.

- Llámame García, como todo el mundo, no seas tan formal, cariño. Soy tu compañero, coño.

- De acuerdo, Señor García, como Vd. diga.

- Eres imposible, con la de cosas que podríamos hacer juntos, anda tutéame, tonta.

- De acuerdo, García, te tutearé. No vuelvas a llamarme tonta, ni cariño, ni vuelvas a poner esa mano cerca mía o te arrepentirás. No soy una más de las niñatas que pretendes engañar.

- Vale, vale, joder Vanessa, que tampoco te quería violar.

- No podrías hacerlo, te lo aseguro.

- Volvamos al caso entonces. Mira necesito saber todo de estas mujeres.

- ¿Todo?

- Sí, ya sabes, sobre todo si tienen marido, novio, con quien se veían, a que dedican su tiempo libre, lo típico.

- ¿Las del extranjero también?

- No, claro que no. Todo ha pasado aquí, seguro.

- Ok. Me pongo a la tarea.

- Espera

García se levantó y se acercó a la inspectora, intentó abrazarla sonriendo y se encontró con los brazos de Vanessa parando el golpe y mirándole con ojos de fiera. Cuando quiso zafarse de ella, hacer uso de sus centímetros y kilos de más, se encontró con que fácilmente le volteó e inmovilizó con un brazo mientras con el otro sacaba la pistola y se la metía por el culo. Cuando oyó amartillar el arma García se cagó en todas las técnicas policiales modernas, especialmente en la enseñanza de las artes marciales.

- Te hago otro agujero ahí detrás, cabrón. No se juega conmigo, ¿vale?.

- Claro, claro, era una broma, coño, que no aguantas nada. Aparta el hierro, anda.

- Si es una broma también, ¿no te ríes?.

Le empujó hacia la mesa y lentamente, sin perder en ningún momento la sonrisa de ángel, de ángel de la muerte, enfundó el arma y abrió la puerta para salir.

- Adiós, cariño, tonto. Te traigo el informe en cuanto termine.

(Continuará ...)


lunes, 25 de diciembre de 2006

Novios

- Es tarde, cariño. Muchos besos, hasta mañana.

- Hasta mañana, amor mío. Te quiero mucho.

-Te llamo tempranito ¿vale?

- Sí, por favor. Si no me llamas me muero, ya lo sabes.

- Venga ya, exagerada. Qué dices.

- Anda, cuelga, que es tarde.

- ¿De verdad te mueres si no te llamo?

- Claro que sí. Te quiero tanto.

- Te llamaré, prometido. Otro beso, hasta mañana.

- Te quiero. Hasta mañana.

...

...

- Cuelga, anda

- No, no te puedo colgar, cuelga tú primero.

- Jajaja, vale, cuelgo yo. Te quiero.

...

- No has colgado.

- Tú tampoco.

- Venga, va, que es muy tarde. Llevamos una hora al teléfono

- ¿Tanto? Se me hace el tiempo tan corto contigo ...

- Te quiero. Cuelgo, vale.

- Vale, cuelga.

- Mejor tú primero, anda, cuelga.

- No, cuelga tú. ¿Me has dicho que me quieres?

- No, no te lo he dicho aún. Te quiero.

- Mentiroso, sí que lo dijiste. Pero yo te quiero más.

- Eso no es verdad, imposible querer más de lo que yo te quiero.

- Te quiero tonto, anda cuelga ya.

- ¿Colgamos juntos?

- Vale, a la de tres. Cuenta tú. Te quiero.

- Uno ... dos ... y tres ...

...

- No has colgado

- Tú tampoco. Eres una fullera.

- No, tú eres un fullero. Yo no te puedo colgar, te quiero mucho.

- Yo también te quiero. Pero tenemos que colgar.

- ¿Tú sales con el coche prontito?

- Sí, tengo que descansar.

- ¿Me llamarás? Ya sabes, a las 11, que no tengo clase.

- Claro que te llamaré.

- Me muero si no me llamas.

- Te quiero mucho.

- Yo te quiero más.

- Anda cuelga.

- No, tú primero

- Es tarde, cariño. Muchos besos, hasta mañana.

- Hasta mañana, amor mío. Te quiero mucho.

...