Hálito libertario, aroma de mujer
miércoles, 7 de marzo de 2007
Aire de tu boca, a las barricadas
Hálito libertario, aroma de mujer
miércoles, 14 de febrero de 2007
De juguete
El café estaba recién servido, humeante y aromático. La cámara sobre la mesa, como siempre, el viejo sentado mirando al mar, también como siempre. Pelo crespo y cano, barba dura y también nevada. Botas, pantalón y abrigo de lona verde. Casi como un soldado.
Fragor de olas blancas y altas acompañan su escaso pensamiento. Un café y el arrullo del mar son la mejor forma de evadirse de todos los problemas terrenales. La soledad del paraje propicia también la falta de elementos de distracción añadidos. No hay mucha gente paseando, es invierno y el viento sopla fuerte, la humedad se cala por entre la ropa, ninguna madre pasea a sus hijos, ninguna parejita joven se atreve a acariciarse en el paseo marítimo. Todos buscan horizontes más cálidos. Salvo ellos.
Se acerca despacio, desde levante, el viento a su espalda alborota el pelo moreno y largo. Desde ahí sólo sabes que es menuda y ligera, abrigo de color rojo, pantalón vaquero. Cuando está más cerca ves dos enormes ojos que devoran el mundo a su alrededor, una nariz casi de juguete y un rostro joven y aniñado. Para evitar mirarla de forma que pareciese desconsiderada tomas el primer sorbo de café. Concentrado en el color y el sabor negro tu punto de atención es ahora la taza y el platillo.
.
- Hola, ¿puedo sentarme?
- ¿Eh? Sí, claro
- Vaya día de viento
- Sí, a veces pasa
- Pero el mar está hermoso así, y siempre
- Siempre
Su voz también parece dibujada, tan cantarina y jovial que te desarma, que te dejó sin nada que decir. No suele pasar eso, siempre tienes respuestas guardadas para casi todo.
- ¿Quieres un café?
- Claro, para eso me senté
- Sí, claro, que tontería
Aquella tarde hicieron el amor por primera vez. Aromas de salitre, de sudor, de café negro y vino tinto les acompañaron todo el viaje. La nariz de ella, de juguete, guardó siempre la memoria olfativa de aquellos momentos. Los dos sabían que no vivirían juntos hasta los 64. Imposible, había décadas de distancia por delante y por detrás. Quizá tampoco volviesen a tropezar en ninguna playa de ningún mundo. Aún así, valió la pena.
(Historia de día de San Valentín, basada en hechos verídicos jamás acontecidos, cualquier parecido con la realidad es pura virtualidad) (O quizá no).
miércoles, 7 de febrero de 2007
Sierra Maestra
Y entonces, en algún lugar se oyó, cansina, repetidamente ...
"no puede ser que no vuelva......no puede ser".
Esta letanía desconcertó a aquel que permanecía postrado en su pobre escondite desde aquellos lejanos días de la partida de la guerrillera. Tan desconcertado estaba que pasó horas mesándonse los escasos cabellos que poblaban su anciana barba y repitiéndose "no es ella, ella no diría eso, no es ella, ella no diría eso".
Porque aunque era su voz la que penetró con aquel mensaje en su mente, no podía reconocer a la guerrillera en alguien que dudaba de sí misma. ¿Quién podría esconderse?, ¿quién intentaría luchar contra aquella mujer tan poderosa?. Nadie, nadie podía pensar en luchar y ganar, ni tampoco en huir y esconderse.
Y lo más importante, ¿quién no querría encontrarse con ella?. Él sabía que cualquiera que ella buscase iría rápidamente a tirarse a sus pies, gustoso, feliz, orgulloso de ser el poseedor de una mirada suya, una mirada de la reina de Sierra Maestra. Cualquiera se postraría ante ella sabedor de que no era derrota, sino el orden natural de las cosas.
Reconocer la fuerza del trueno cuando aparece no es una derrota. Pensar que el yampo que ha iluminado el cielo, un instante antes, es para tí ... eso es la gloria.
La puerta
domingo, 21 de enero de 2007
PARTIDO DE FUTVOL HO PASEO POR EL RETIRO
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sábado, 20 de enero de 2007
Novios (II)
- Entonces, ¿me quieres?
- Claro que te quiero
- ¿Y por qué me quieres?
- Pues porque te quiero, es así
- Ya, pero habrá algún motivo ¿no?
- Hay muchos motivos, lo sabes de sobra
- No, nunca me los dices, venga, dime por qué me quieres
- Pues ... pues no sé, estoy aquí, contigo, te demuestro que te quiero
- Sí, sé que me quieres, estás conmigo, pero ¿por qué me quieres?
- Te quiero por todo lo que eres, por toda tú. Te quiero completamente.
- Algo habrá hecho que me quieras ¿no? No eres capaz de decírmelo, quizá porque no me quieres.
- Que sí, que te quiero, claro que te quiero
- Entonces explícamelo.
- Te quiero por como eres, por el cariño que me demuestras, por como piensas, como hablas, como te ríes, como me coges de la mano, como me abrazas.
- ¿No te gusto?
- ¡¡Claro que me gustas!! ¿Por qué preguntas eso?
- Es que no me lo has dicho, no me dices que te gusto.
- Me gustas mucho, me vuelves loco, pienso en tu cuerpo, en tus abrazos. Cuando no estás conmigo sólo pienso en tenerte abrazada, como ahora.
- Ya, ¿y qué te gusta de mí?
- Toda, te lo he dicho
- Sí, toda, pero algo habrá hecho que te guste más que otras. ¿Te gusto más que las otras?
- Me gustas más que ninguna, lo sabes. No hay ninguna como tú.
- ¿Y qué me hace diferente?
- Pues ... tus ojos me llenan de alegría, tu cara es perfecta, tu piel es ...
- Mi cara no es perfecta
- Sí, sí que lo es, para mí lo es. Tu piel sedosa y suave, tus hombros, tu ...
- Para ti será perfecta, pero eso es porque me quieres, tengo unos granitos y la nariz muy grande.
- Eres perfecta, deja que me coma esa nariz tan grande.
-No juegues ahora, quiero que me digas por qué te gusto.
- Te lo estaba diciendo, tu pecho es excitante, precioso, tu espalda es el camino de la vida, tu ...
- Mi pecho es muy pequeño, tu exnovia tenía las tetas muy grandes. ¿Te gusta más ella?.
- No, me gustas más tú, ¿estoy con ella o contigo?
- Te dejó ella.
- Olvídate, por favor, estamos solos. Yo y la mujer más maravillosa del mundo. Me gusta estar a tu lado, acariciar tus largas piernas, besar tu ombligo cuando jugamos al amor, me gusta acariciar ...
- ¿Me quieres?
- Te quiero más que a la vida misma
- ¿Y por qué me quieres?
- Pues porque me gustas, y porque eres buena, cariñosa, inteligente, y por tantas cosas que no puedo explicar pero que sólo tú me transmites.
- Todo se puede explicar si se quiere. Dime por qué me quieres.
- Cuando te veo caminar hasta coger el autobús mi corazón da un salto, cuando veo tu nombre en la pantalla del móvil siento que la sangre llega a mi corazón ...
- Yo te quiero mucho
- Lo sé, y eso me hace ser tan feliz.
- ¿Tú me quieres de verdad?
- Sí, claro que es de verdad.
- Pero hace menos de un año querías de verdad a esa mujer. Seguro que le decías las mismas cosas.
- No es así, no tienes nada que ver. Ahora eres tú.
- ¿Y mañana? ¿Qué le dirás mañana a la que le toque? ¿Saltará tu corazón cuando coja el autobús?
- Mañana serás tú, y pasado mañana y el otro, y toda la vida.
- ¿Por qué me quieres?
sábado, 13 de enero de 2007
Crimen Pasional (I)
El Inspector García se puso en marcha con la celeridad que el caso merecía. Ninguna, el fiambre no se iba a ir de allí. Así que se desperezó, tomó un café con su mujer, hablaron de la hipoteca, del viaje de fin de curso de la niña, de su cuñada ... Dos horas más tarde, aparcó frente a la casa. Nada más llegar comprobó con cierta envidia como los chicos de la policía de barrio se empleaban a fondo en separar a los curiosos de la casa. Añoraba aquellos tiempos de uniforme en los que siempre podía largar algún que otro sopapo a un auténtico inocente. Desde que ascendió sólo había pegado guantazos a presuntos asesinos. Asesinos, su instinto aún no le había fallado. La Medalla de Oro al Mérito Policial tenía su número de placa grabado desde hacía años. Sólo la envidia y la política impedían que colgase de su uniforme de gala. Por ahora, se decía ...
Aquel documental de National Geographic le había cabreado profundamente. Le molestaba la ligereza y superficialidad con la que trataban lo que era su vida. “Un día en un laboratorio forense” no era más que propaganda de los servicios forenses del FBI, escondía la verdad de todo el trabajo. Se quedaban con lo que servía de base a esas series de televisión tan comerciales, tan seguidas. Esas que le cabreaban, como el documental, profundamente. La llamada de teléfono, al borde de las cuatro de la tarde, era lo mejor que le podía pasar. El fin de semana podía tener arreglo.
Llegó allí mucho antes de que se hubiese podido encontrar a un juez para desarrollar las diligencias previas. No podía tocar el cadáver, pero sí evitar que los manazas de los policías eliminasen todas las pruebas. Sabía que tenía tiempo antes de que llegara un policía de verdad. García nunca tenía prisa.
- Qué tal, Doc. Cómo va eso.
- No jodas, García, que no eres Philip Marlowe. Ni americano siquiera, coño. La próxima vez que me llames Doc vas a jugar de pareja al mus con tu puñetero padre.
- Venga, López, no seas cascarrabias. A ver, cuéntame.
- Lo que ves, el tipo tiene un disparo entre ceja y ceja.
- Ha sido a través de la ventana.
- Sí, García, pero estaba abierta. Éste sabía quién le disparaba. Mírale los ojos. Si se quedase en la retina la última imagen veríamos perfectamente al criminal.
- Joder, los tiene como platos. No se lo esperaba. Que putada le ha gastado esa golfa.
- Has visto las pisadas fuera. Sí, una mujer, no muy pesada, aunque con los huevos suficientes para manejar ese 38.
- Voy a ver si me entero quién es el difunto.
García habló con el oficial que parecía más espabilado de los guindillas de barrio. Se enteró que el pájaro vivía aparentemente solo, los vecinos no le conocían líos, salvo algunos amigos que venían alguna vez a ver un partido de fútbol.
- ¿Eso es todo, agente?
- Sí, Inspector. Eso es lo que nos contaron los pocos vecinos que tenían trato con él.
- ¿Y todas las mujeres?
(Continuará ...)
viernes, 12 de enero de 2007
Crimen Pasional (II)
Cuando el coche de la policía la dejó a la puerta de la casa vió el de García. Buena noticia, estaría López también y pronto terminaría una instrucción perfecta con un asesino entre rejas. Lo que peor llevaba era que tendría que pasar muchas horas con los dos mejores criminólogos del país. García no perdía ocasión de tirarle los tejos, hasta le amenazó una vez con encarcelarle. Sí, se lo dijo riendo, pero le faltó muy poquito para verse entre rejas por acoso. Lo de López era distinto. Salieron una tarde a tomar café. Él no dejó de hablar de cadáveres, heridas, vísceras y probetas de laboratorio. Hasta que la miró por primera vez a la cara y le dijo que se la quería follar. Aún no sabe si reaccionó bien diciéndole que no. Nunca le ha vuelto a ver los ojos.
- Buenas tardes, Sres. ¿Me cuentan de qué va esto?
- Lo que ves, Jueza. Vaya, que peinado, está usted guapísima, si me permite, señoría.
- García, corta el rollo. Le han pegado un tiro, cayó hacia atrás desplomado y sorprendido, por lo que veo.
- Justo eso, el que esté tan alineado en el suelo se puede explicar por el impacto, le mató instantáneamente y le empujó hacia atrás como un fardo. Un 38 a tres metros hace eso. Que los brazos estén pegados al cuerpo es más difícil de entender. Pero ya me contará algo el cabrón éste.
- Y tú, García, qué sabes.
- Aparentemente, un gachó normal y corriente. Su trabajo de oficina, cuatro libros y un pequeño grupito de amigos. Eso es aparentemente.
- ¿Y detrás de eso?, venga, ya tienes tu teoría.
- Hay varias mujeres en esta historia. La del 38 y al menos cuatro más.
- ¿Cinco? Te estará dando envidia, García, la ilusión de tu vida.
- Jueza, jueza, no me haga hablar, que estoy por llevármela ahí dentro a condenarme a treinta años por matarla a besos.
- Qué bestia eres.
Firmó el auto de levantamiento de cádaver, para permitir que López se lo llevase a su mármol, y se dio una vuelta por la casa. No sabía qué había visto García para contar cuatro más una. Pero estaba segura de que era verdad. Al alejarse de la mancha roja del suelo sintió esa sensación de alivio que siempre la acompañaba al dejar atrás un muerto. Se dio cuenta de que sólo fue capaz de verle los enormes ojos abiertos. No recordaba su rostro, ni su cuerpo, ni su ropa. Sólo esa expresión de sorpresa, no miedo, que se le quedó marcada en su cara.
Cuando se acercó al escritorio comprendió casi todo. Como fondo se oía a López canturrear “El corrido de Juan Sin Tierra”. Seguro que estaba registrando los bolsillos del muerto.
(Continuará ...)
miércoles, 10 de enero de 2007
Crimen Pasional (III)
García se acercó al revólver. El policía que lo custodiaba se apartó reverencialmente. Todos le conocían, incluso los que acababan de salir de la academia, como éste. Con los guantes puestos y haciendo uso de su eterno parker con clip de oro lo levantó del suelo.
La etiqueta que colgaba del gatillo era una de esas que se venden en todas las papelerías e hipermercados. Un bebé le daba un beso a otro de sonrosadas mejillas. “Tu amigo que te quiere ..”, y al abrirse “te desea feliz cumpleaños”. En el interior, con letra de las que llaman “de médico”, propia de alguien acostumbrado a tomar apuntes, se leía “Te traicionó, mátale”.
Un solo disparo entre ceja y ceja. Una sola bala en el tambor. Un solo casquillo por tanto. Era extraño que una mujer matase así. Pero no había otra explicación a las livianas huellas que quedaron en el jardincillo ante la ventana. Tenía que ser una mujer la que andaba con medios tacones por ahí. Además, él ya sabía que todas las protagonistas de la historia eran mujeres. Salvo dos, claro. El muerto y el que regaló el revólver.
Ella no entró en la casa, aunque él le hubiese abierto la puerta con toda seguridad, la conocía perfectamente, confiaba en ella. Se acercó a la ventana, y cuando el dueño de la casa la abrió, sonriendo, se encontró frente a la cara el agujero negro que acabaría arrebatándole la vida. Tenía que averiguar por qué no tenía miedo ni siquiera al ver el 38. Su cara sólo reflejaba sorpresa.
García entró al interior. No se fiaba de la jueza, no quería que tocase nada. A ella le gustaba fisgar cuando estaba trabajando. Y a él le gustaba estar tranquilo mientras observaba el escenario. Decidió hablar con ella. Lo suficiente para quitársela de encima.
- Jueza, que digo yo que si terminamos el asunto de una puta vez
- ¿Ya sabes qué ha pasado aquí?
- No, mujer, me refiero a lo nuestro. Este puente me puedo escapar dos días de casa. ¿Nos vamos a esa cabañita que te dije?
- García, eres un imbécil. ¿No respetas nada? ¿Ni el trabajo, ni a ese hombre espatarrado en la habitación de al lado?
Sonriendo dio un vistazo alrededor de la habitación. El escritorio, las librerias repletas de libros, los periódicos amontonados por todas partes. La solución estaba allí. Y estaba seguro de que no en los papeles, precisamente. Levantó la tapa del escáner y supo que tenía que hablar con López en ese instante. Tenía que retrasar la autopsia.
La jueza Sacristán se acercó a López, estaban metiendo el cadáver en la bolsa con cremallera, el forense vigilaba con extrema atención a los sanitarios mientras colocaban el cuerpo en la camilla.
- López, a ver que le saca a éste. No se le ven muchas ganas de querer hablar.
- Todos hablan, jueza, todos hablan. Ya lo sabe.- Téngame al corriente, y no dude en llamarme para cualquier cosa.
- Claro, claro, no dudaré en llamarla.
García entró atropelladamente. Ninguno de los dos le había visto jamás con prisa. Se cruzaron las miradas un instante. Un instante tan sólo, López no era capaz de mantenerla el tiempo suficiente como para que María Sacristán pudiese retener en su memoria el color de sus ojos.
- No te lo lleves, ¿le has mirado las axilas?
- Sí, claro, ¿qué piensas?- No, no, no me refiero a eso, quiero decir ... ¿te has fijado en todo?
- Qué quiere decir, García, déjese de misterios.
- ¿Has visto como la tenía depilada?
(Continuará ...)
