domingo, 21 de octubre de 2007

Duda existencial (IX)

Ehm... ¿hablas conmigo?
¿Me lo dices a mí?
Dime, ¿es a mí?
Entonces, ¿a quién demonios le hablas si no es a mí?
Aquí no hay nadie más que yo.
¿Con quién coño crees que estás hablando?

sábado, 20 de octubre de 2007

¡¡Duda existencial resuelta (IX)!!

Pues resulta que esta duda ha quedado resuelta ... simplemente era fijación con esa escena tan famosa de "Taxi Driver", la película genial de Martin Scorsese y que contaba con la no menos genial interpretación de Robert de Niro ... Gracias a todos por vuestra desinteresada colaboración, y a ver si vais más al cine ...




¿Me lo dices a mí?
Dime, ¿es a mí?
Entonces, ¿a quién demonios le hablas si no es a mí?
Aquí no hay nadie más que yo.
¿Con quién coño crees que estás hablando?

miércoles, 17 de octubre de 2007

Los ganadores de Albanta somos ...

... gente muy sencilla.
Contra lo que pudiera parecer, los ganadores de Albanta somos personas sencillas, practicantes del trato afable y cercano con nuestros semejantes, pese a que estos no hayan sido poseedores ni puedan poseer jamás los laureles albanteños.
He tenido el placer de compartir jornadas con varios miembros de lo que desde fuera pudiera parecer "selecto club" y nosotros mismos llegamos a esa conclusión. Incluso hemos descendido a debatir cuestiones tan complejas como la normalidad o no de nuestros compañeros de universo con absoluta humildad. Sí, amigos. Somos gente extremadamente sencilla. Sólo debéis dar un pequeño paso, perder el miedo y venir por vosotros mismos a comprobarlo.
No tengáis miedo, acercaos a nosotros. No os consideramos simples mortales, sino que sois nuestros ... hermanos.
Un abrazo y hasta más ver.

martes, 18 de septiembre de 2007

Feliz cumpleaños

Llevaba varios días con la permanente sensación de que algo se le olvidaba. Repasaba la agenda, buscaba mentalmente qué era lo que debía hacer, eso que sabía no debía olvidar y sin embargo se resistía a volver a su yo de primer grado de consciencia. Algo residía allí, en algún sitio de su siempre ocupada memoria. Algo que cada rato mandaba punzadas, avisos que Antonio, el maduro despistado, no conseguía interpretar.

El martes por la mañana, camino a la oficina y oyendo las noticias en la radio se desató la tormenta. La última patochada de Sarkozy le colocó mentalmente en París, el instante siguiente al oir el habitual recordatorio del locutor “son las 7.17 del 18 de septiembre” todo vino a su desgastada memoria.

Dio un golpe violento contra el volante del coche y escupió tres maldiciones que ruborizarían a los aguerridos vikingos. Pasó de largo a la altura de su trabajo y siguió conduciendo hacia el aeropuerto. “Mierda, mierda, mierda” se repetía una y otra vez mientras maldecía su habitual imprevisión. ¿Por qué cojones no reservó billete hace quince días, como tan brillantemente planeó?.

Sabía que sería difícil llegar, aunque tampoco imposible. Era temprano y todavía había oportunidades de conseguir algún vuelo que le dejase en la Ciudad de la Luz a tiempo de asistir a la fiesta que, ahora lo recordaba, le invitaron mediante esa tarjeta manuscrita que guardaba ... en la guantera del coche.Intuía que para Dana era algo más que otro cumpleaños, y que su invitación también era algo más que un acto de cortesía “Ven, quiero que estés conmigo. Tú. Bisous, D.”. Él sabía que siempre quería estar con ella, no hubo nunca nadie que le inspirase ese ansia, esas ganas, ese impulso que le estaba llevando a viajar dos mil kilómetros para comer un trozo de tarta.

En la ventanilla de Air France no le facilitaron un billete, aunque le dieron las claves para llegar a París aquella misma mañana. Tres horas después saldría un avión destino Bruselas y allí podría enlazar con el TGV que le dejaría en la Gare du Nord al atardecer. Desayunar en la estación mientras ajustaba excusas telefónicamente con el trabajo y con su mujer no fue del todo complicado. Aunque tampoco resultó un paseo, especialmente cuando le contó a su mujer que la empresa le necesitaba en Madrid, que se enteró nada más llegar y que no sabía si encontraría forma de volver aquella noche o tendría que quedarse en la capital a dormir. Cuántas preguntas, cuánta comedia ...

Colocado en la puerta de embarque, con el billete en la mano, recordó otro de sus habituales despistes. Debió utilizar el tiempo libre para acercarse al Duty Free y comprar un perfume, o cualquier otra cosa que llevar y no aparecer con las manos vacías. Como siempre, se daba cuenta de las cosas cuando era difícil repararlas. Lo intentaría en Bruselas, o en París, dependiendo del tiempo. Embarcó en un avión que por problemas de saturación en la pista estuvo hora y media sin moverse de la pista. Cuando los viajeros comenzaron a rememorar a los familiares de pilotos, controladores y directivos de compañía hasta el tercer grado de consanguinidad despegaron finalmente. El tiempo pasaba y los nervios de Antonio, el maduro impaciente, se acumulaban a la sensación de que iba a meter la pata. No llegaría a tiempo. En Bruselas certificó que el tren había salido media hora antes de él llegar a la estación, y que el siguiente no le dejaría antes de las diez de la noche en París. La opción taxi o coche de alquiler no le garantizaba llegar antes, así que decidió comer, pasear y ... olvidar de nuevo que debería comprar un regalo.

En el tren camino a París se quedó dormido durante un rato. Allí soñó con los ojos verdes, con la melena rubia y con la sonrisa de la chiquilla traviesa. A las 11 de la noche, cansado, sudoroso, sin regalo alguno entró en la pequeña tienda que quedaba abierta a esa hora en aquella esquina de Montmartre. Compró una baguette y una botella de Moët Chandon y subió las escaleras hasta la cuarta planta de aquel viejo edificio del barrio bohemio.



Le sorprendió no oír música, ni risas, ni ruido de copas, comprobó que la dirección coincidía con la que tenía en la tarjeta, miró la fecha dos veces antes de llamar a la puerta.

- Llegas tarde, pero has venido, y traes el champagne. Justo lo que necesitaba. Bobo.



No le dio un beso, ni un abrazo, corrió enfundada en su vestido negro para llenar la cubetera de acero con hielo que esperaba exactamente esa botella. Cuando se irguió sí que le miró a la cara. Sonriendo.

- Felicidades, ojos verdes.

Ficha técnica:

Argumento y guión: Dangereuse.
Texto: Amenofis.
Fotos: de la web.

Nota: En este caso no lo hemos escrito juntos, aunque me he reido tanto como si así hubiese sido, y te puedo asegurar que tanto el argumento como el guión lo has inspirado tú. Era mi sorpresita tontorrona y pequeñita, y me apetecía saber que ahora, cuando lo lees estás sonriendo. Feliz cumpleaños, Veronique, mi primera y más especial amiga. Traspasando las fronteras de los blogs y de los pasados de Fabio. Mi querida amiga de los ojos verdes.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Historia de terror. Sensibles abstenerse

Hoy me han contado una historia terrible. Algo que me ha costado tanto creer que tuve que buscar por todas partes hasta cerciorarme de que sí, que eso era posible. Y lamentablemente, he encontrado pruebas ...

Sí, compañeros, hay gente en estos interneces que no sólo publica cosas engendradas en sus cabecitas. Y que no contentos con eso, además intenta hacer creer a los demás que lo publicado es original, y propiedad del que lo publica. Hay gente que, efectivamente ¡¡ plagia !!. Algo incomprensible, increíble, absurdo, y que pasa compañeros, pasa.

He encontrado las pruebas, hay personas, por llamarlas de alguna manera, que plagian ...





lunes, 27 de agosto de 2007

Soneto en negro

Te aprieto a mi con fuerza atronadora
Escondo lágrimas de hombre callado
Guardo mis palabras texto inventado
Meso tu pelo, diosa cazadora

Vigilo tu vigilia, vivo tu hora
Sufro tu pena, ser abandonado
Terrible desgracia no estar a tu lado
Quebrar todo donde la ausencia mora

Triste soneto amiga inexistente
Necesitas compañía verdadera
Prestarte pudiera aliento de gente

La parca llegó guadaña certera
Cortó sin piedad retazos de mente
Ay amiga, cómo abrazarte quisiera

martes, 14 de agosto de 2007

La bruja



Cae la fría noche sobre el cementerio
Hora de las brujas, faunos y cuervos
Lápidas sin nombre rotas al suelo
Silencio, pasos, aleteo con nervio

En la desnuda rama, negras alas
Magnífica reina del akelarre
Sexo, sangre, risas, mujeres malas
Versos, papeles, hombres arre que arre

Apagan las fanfarrias demoníacas
La Cuerva escribe para Inmaterial
Todos atentos salen de sus cloacas
Vómitos, coplas, talento especial

Es pobre homenaje y no muy fino ...
... sólo un simple soneto isabelino

domingo, 8 de julio de 2007

¡ Maldición !

- ¿Vienes con nosotros?
- No, que va. Ya sabes que no me gusta nada la feria.
- Que soso eres, tío. Si es por subir un rato y buscar titis...
- ¿Titis? ¿Niñatas pijas? Paso de eso, ahí nada más encontraremos encefalogramas planos.
- Adiós, Einstein, no te jode ...
- Que no, tío. Que eso es un escaparate de a ver quién se ha gastado más pasta en los vestidos. Voy con la gente del grupillo, vamos a pensar algo para ensayar este verano. Nos fumaremos unos petas y pillaremos cervezas tranquilamente, hablando de teatro.
- Bueno, pues que os sea leve. Yo me piro para la feria, a ver si pesco algo menos intelectual.

¡¡ Hipócrita ¡! Estás frito por subir a la feria, babeas viendo las fotos del programa. “Reina Juvenil de la Feria y Fiestas” para comérsela, con ese vestidito de sevillana ... volantes y más volantes, pendientes de plástico imposibles de sostener. Lunares pintados en las mejillas, colocados allí para ser lamidos y borrados. Caracoles de pelo sobre la frente despejada. Tetas de recién mujer que pujan por salir en forma de topos rojos y blancos.

En el Paseo Marítimo, lejos del bullicio ferial se encuentran los del grupo de teatro. Seis estudiantes, cuatro barbudos y dos desaliñadas que empuñan cada una, de forma poco angelical, una litrona de Cruzcampo. Camisetas con estrellas rojas y leyendas alternativas, bolsos pseudo militares repletos de libros y apuntes. Aparato mp3 reproduciendo Youssou N’Dour o Frank Black, según el caso. Bolsita de marihuana cosecha propia y miradas disimuladas sobre los pezones empitonados en las camisetas de las compañeras, que está feo eso de decirles piropos.

- ¿Qué? ¿Alguna idea?
- Joder, yo querría hacer aquello de Martínez Mediero ... “Las hermanas de Búfalo Bill”.
- ¿Y eso qué coño es?
- Pues una comedia puntito surrealista muy buena. Hay dos papeles para mujeres y uno para el protagonista. Es antigua, pero no se ha hecho demasiado.
- Ya, o sea, tú y las niñas. Qué cabrón. Siempre queriendo dejar claro que eres el único actor.
- ¿Eso de niñas va por nosotras? No te pases ¿eh?.
- Vale, vale, perdonad, compañeras.

Mientras siguen discutiendo sobre si el apelativo “niñas” es correcto cuando se dirige a compañeras o si se está utilizando un cliché machista pasa cerca de allí una carreta de caballos. Los carreros, ataviados a la andaluza, traje de campo, polainas, botas de caña, sombrero cordobés. Llevan detrás a la reina y a sus damas, sinfonía de volantes, maquillajes y peinados recogidos. Bandas blancas y verdes que van desde el desnudo hombro hasta la cadera, cruzando la espalda también desnuda y dividiendo en dos cada divino pecho encorsetado. Rosas enormes sobre cabezas perfectas y bocas rojas. Suenan palmas y castañuelas.

Sabe que debajo de los mantones rocieros o los vestidos de sevillana clásicos llevan bragas de algodón blanco. Hay que mantener las tradiciones, todas las tradiciones. Puede que esta noche, durante los bailes de rigor con las autoridades se levanten los vestidos hasta mostrar los “cucos”. Tienen que ser blancos y de algodón. Otra cosa sería desvirtuar las fiestas mayores.

El tac tac de los cascos de caballos se mezcla con la discusión de sus compañeros de grupo de teatro. En aquellos momentos tan fútil es un sonido como el otro, nada de interés para una mente absolutamente absorta en la imaginaria imagen de los volantes alzados, el pecho juvenil agitado de excitación mientras las bragas blancas se manchan de albero al ser pisadas por sus zapatillas de deporte. Izada sobre la pared de lata de una caseta de feria, empujada una y otra vez hasta que ella, bajo una lluvia de confeti, parezca agradecerle, saludando al tendido, la faena bien realizada.



Cuando vuelve a la triste realidad de la cerveza caliente y el porro apagado se lamenta de su maldición. Necesita repudiar algo que le atrae mucho más de lo razonable. Ser joven, progresista y radical es duro en esta tierra de fiestas clónicas a la sevillana. O quizá todo sea auténtico atavismo cultural y esos vestidos le hagan sacar su más profundo espíritu tartésico.

Deja de divagar sobre la Atlántida al tiempo que espera romper la maldición. Quizá cuando sea más viejo. Dicen que todos cambiamos de viejos. Es posible que devenga en concejal socialdemócrata y pueda bailar, por fin, con una dama de la feria. O más allá incluso, puede que consiga ser el afortunado exmarido de una de ellas ...



(Fotos: gg)

viernes, 29 de junio de 2007

El columpio

Dio otra pasada, intentando verificar visualmente los absurdos datos almacenados por la computadora. El 99,83 % de la superficie objeto estaba arrasada absolutamente. Gris casi uniforme, algunos puntos emisores de humo también gris, y sin objetos, edificaciones o cualquier otra cosa, que sobrepasasen los 40 cm de altura. Como debía ser. Su grado, Comandante de Extenuación, no había sido conseguido precisamente por trabajos mal terminados. Sin embargo, en esta ocasión había fallado. Y en este sector, precisamente en este sector. No podía culpar a ninguno de su equipo, fue extenuado personalmente por él. Algo, un impulso injustificable, le hizo elegir para si la cuadrícula JM1305YLA.

Allí seguía, de pie, ese maldito templete en lo que parecía un parque colonial de hacía tres siglos, antes de la ruptura de la capa de ozono. Increíblemente, de pie. Rodeado de bancos, un jardín con césped y un parque infantil de juegos. Tobogán, columpio, balancín y tiovivo sin motor. Sobrevoló tres veces, incrédulo, lo que veían sus ojos. Iba y volvía sobre aquellos escasos cien metros cuadrados en medio de la nada más gris. Verdes, rojos, azules, colores absurdos que precipitaban el fin de sus días al frente de su Columna de Extenuación. Conectó los lectores de radiación, niveles térmicos, humedad, presión y también los sensores de movimiento. Quería que el ordenador le dijese que alucinaba, que no había nada allí abajo.

Aún fue peor. Humedad 87%, temperatura 27ºC, y había “cosas” vivas allí abajo. Cuerpos calientes que se movían tranquilamente de un sitio a otro del parque. Uno de ellos se desplazaba en movimiento pendular de escasamente dos metros y medio de amplitud horizontal por metro y medio de amplitud vertical. En el columpio. ¿Qué se estaba columpiando en medio de la nada?.

El Comandante G. decidió bajar de la nave y explorar a pie la zona. Debería arrasarla con un convencional lanzaneutrinos portátil. De los que se utilizaron en la guerra del 2243. Siempre llevaba el suyo, cosas de la nostalgia militar. Suspendió su vehículo mientras se equipaba con traje, escafandra y armas. Cuando estuvo dispuesto aterrizó en el perímetro exterior del parque y bajó cauteloso y atemorizado, aunque decidido a no dejar mancha alguna en su expediente.

Los primeros pasos quedaron marcados en la ceniza gris, como aquellos de la inventada primera llegada del hombre a la Luna. Pronto comenzó a pisar hierba y camino terrizo del Parque. Se acercó al templete y subió la escalinata despacio, el arma cargada, los sensores activados. Allí arriba no había nada, y cruzó para bajar por el otro extremo. Un tirón en el pantalón le hizo girar asustado. Lo que parecía un niño pequeño le sonreía con una pequeña pelota en las manos.

- ¡Corre, ven a jugar con nosotros!

El niño corría sin miedo delante de él, que le apuntaba con el lanzaneutrinos, sin decidirse a disparar. Detrás del niño apareció, como de la nada, un pequeño gato que maullando siguió el mismo camino.

- No puede ser, no puede ser. Acabamos con todo esto hace muchos años. No puede ser.

Despacio, asustado, se fue acercando al columpio, sólo veía desde aquella posición como aparecían y desaparecían dos piernas que portaban zapatillas playeras. Chirriaba un poco, y el niño imitaba riéndose el ruido del artefacto. Otra risa, dulce, cristalina, y clara, de niña o mujer muy joven, se mezclaba con la del pequeño infante.

El soldado se acercó al columpio con el arma montada, dispuesta a disparar. Ella, sin volverse a mirarle gritaba y reía.

- ¡¡ Ya llegaste ¡! Te estábamos esperando desde hace rato. Nunca me entero de vuestro horario. Sólo sé que es sábado, día de venir al parque y de que tú aparezcas. Anda, ven con nosotros. Esta vez te quedarás ¿verdad?.

Cuando estuvo delante de ella se quedó unos instantes viéndola subir y bajar, el niño jugando en el suelo con la pelota. El gato tumbado en una sombra, vigilando a unas moscas que tampoco deberían existir.

- Anda, empújame. Estoy cansada de esperarte.

Se acercó al columpio, estiró las manos para cogerle los pies y empujarla y descubrió, con estupor primero y alegría después, que no llevaba guantes de combate. Que sus brazos estaban libres porque tampoco llevaban armas. Ni uniforme. Le dio un impulso y cada vez que volvía unos enormes ojos y una gran sonrisa se le clavaban dentro llenándole de cosas distintas a la milicia. Comenzaron a reír y siguió columpiándola, cada vez más fuerte, cada vez más alto. La sensación de que aquello tendría que acabar le inundó de golpe. Justo cuando se oyó ...

- Tengo hambre.

Riéndose la abrazó en la última columpiada, la hizo bajar y cogidos de la mano fueron hacia la maleta con la merienda, a sentarse a la sombra del último árbol de la Tierra. El de ellos.

miércoles, 20 de junio de 2007

He visto árboles verdes

Si estuviésemos contando una historia de amor eterno hablaríamos de como la rutina, el trabajo, su mujer, los niños, el partido de tenis del fin de semana, su amante, su novela nunca acabada pasarían ante sí en sucesión inanimada, en un nivel de inferior conciencia en el que dominaría, casi todo el tiempo, la imagen de aquella madonna etérea y visceralmente física. La realidad era que la había casi olvidado cuando recibió un sms, el primero desde aquella tarde en la Torre Eiffel ... “He soñado contigo. No m preguntes xq. M empujaste contra el árbol, bss. D. ”

De repente, los ojos verdes, la melena rubia, las mejillas sonrosadas después del amor, su cuerpo desnudo y desparramado en aquella habitación de Montmartre volvieron con súbita energía a su memoria. Dana, la misteriosa francesa-española estaba, de nuevo, a su lado.


Antonio, el maduro interesante, leyó y releyó el mensaje mil veces, llamó a aquel número durante todo el día, siempre sin respuesta. Ha soñado conmigo y no quiere hablar conmigo. ¿Es ella? ¿Puede ser otra “D”?

Esa noche le costó dormir más de lo habitual. Antes de acostarse se masturbó recordando aquellas escenas vividas en París. Pensó que le relajaría pero no fue así, no dejó de soñar, despierto y dormido ...

- Deja eso, deja eso. No hace falta que laves el coche, ¡estamos en el campo ¡ - Dana disparaba la manguera contra el todo terreno alquilado que les subió hasta aquel campamento de montaña.

- El coche está muy sucio, ¡siempre serás un vieux cochon ¡

Seguía limpiando el coche, con la esponja y la manguera, haciéndole rememorar las clásicas imágenes de concurso de camisetas mojadas. Cuando le dirigió el chorro a él, a toda presión, el maduro interesante le gritó con tan malas maneras como sólo él sabía hacer ...
- ¡Niñata, imbécil! Compórtate como una adulta, deja de jugar con la puta manguerita.


Dana soltó la manguera y fue caminando hacia el árbol, dándole la espalda y, evidentemente, enfadada. Se acercó al tronco y apoyándose miraba al horizonte, justo hacia la parte del mundo donde no estaba Antonio. Cuando él se acercó por detrás y le tocó el hombro se lo quitó de encima con un gesto brusco, sin dejar de mirar a ningún sitio. El maduro la giró con fuerza, empujándola hacia el árbol y hasta tropezar con sus ojos verdes incandescentes de furia. Diez segundos después intentó besarla en la boca.

- Ahora no – Se apartó y caminó hacia las cabañas, a reunirse con el grupo. Pronto la oyó reir y bromear con los que andaban preparando la comida.
La noche sería de luna nueva, propicia para ver estrellas, cielo de verano, noche oscura y montaña eran la combinación ideal para tumbarse a disfrutar de la astronomía. Esa al menos, fue la intención manifestada cuando le sugirió alejarse del campamento “para que las luces no nos estorben”. Una botella de vino, linterna, los prismáticos, una manta y olvidarse de invitar a los compañeros de acampada fueron los preparativos para un paseo por las estrellas ... o quizá no fuese para tanto.
Unos cientos de metros más allá, en un pequeño claro entre árboles colocaron la manta en el suelo. Él, supuesto experto astrónomo se sentó a explicarle todas las constelaciones que saben los niños de bachiller. Ella se hacía la interesada, preguntando las cosas obvias que ambos conocían, colocándose delante de él, apoyando su espalda contra el pecho del viejo. Cosas de una manta tan pequeña.

Ambos sabían que refrescaría pronto, y que necesitaría masajes en esos brazos desnudos. El guión de todo lo que pasaría después estaba escrito desde el empujón contra el árbol.

- Espera, voy a coger un preservativo

- No seas bobo, no hacen falta, esto es un sueño ...

I see trees of green, red roses too
I see them bloom, for me and you
And I think to myself, what a wonderful world

I see skies of blue, and clouds of white
The bright blessed day, the dark sacred night
And I think to myself, what a wonderful world

The colors of the rainbow, so pretty in the sky
Are also on the faces, of people going by
I see friends shaking hands, sayin' "how do you do?"
They're really sayin' "I love you"

I hear babies cryin', I watch them grow
They'll learn much more, than I'll ever know
And I think to myself, what a wonderful world

Yes I think to myself, what a wonderful world
Oh yeah

Títulos de crédito
Idea, argumento, ambientación, decorados, selección musical: Dangereuse
Texto: Amenofis
Fotos: gg (excepto la de la chica, que pena ...)